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carpetas y contrapisos con proporciones correctas en obra

Carpetas y contrapisos: proporciones correctas para lograr pisos durables

Las carpetas y contrapisos son etapas clave en cualquier obra, ya sea una vivienda nueva o una refacción. Una mala proporción de materiales en esta fase puede generar problemas serios como fisuras, desprendimientos, desniveles o pisos que se levantan con el tiempo. Por eso, conocer las proporciones correctas y aplicar una técnica adecuada es fundamental para lograr pisos durables y estables.

El contrapiso es la base estructural sobre la cual se apoya el piso final. Su función principal es nivelar, distribuir cargas y generar una superficie firme. Para contrapisos tradicionales, la proporción más utilizada es 1 parte de cemento, 3 partes de arena gruesa y 3 partes de cascote. Esta combinación permite obtener resistencia sin perder trabajabilidad. El agregado de cascote mejora la estabilidad y reduce la contracción durante el secado.

En el caso de contrapisos livianos o de relleno, se puede reducir la cantidad de cascote, pero nunca eliminarlo por completo si se busca durabilidad. El agua debe agregarse de forma gradual, logrando una mezcla húmeda pero no líquida. Un error común es excederse con el agua, lo que debilita la estructura y genera fisuras prematuras.

La carpeta, en cambio, es la capa final que recibe el revestimiento (cerámicos, porcelanatos, pisos flotantes o vinílicos). Aquí la precisión es todavía más importante. La proporción recomendada para carpetas es 1 parte de cemento por 3 partes de arena fina, bien limpia y sin impurezas. Esta mezcla debe ser más fina y homogénea que la del contrapiso, permitiendo una correcta nivelación.

Es clave respetar los tiempos entre capas. El contrapiso debe fraguar correctamente antes de aplicar la carpeta. Apurar este proceso suele derivar en desprendimientos o fisuras reflejadas en el piso terminado. Además, la carpeta debe mantenerse húmeda durante los primeros días para evitar un secado brusco.

Otro punto crítico es el espesor. Un contrapiso no debería tener menos de 5 cm, mientras que la carpeta suele trabajar entre 2 y 3 cm. Espesores menores comprometen la resistencia y aumentan el riesgo de roturas.

En obras bien ejecutadas, las carpetas y contrapisos no se notan, pero cuando están mal hechos, los problemas aparecen rápido. Por eso, usar materiales de calidad, respetar proporciones y aplicar una correcta técnica marca la diferencia entre un piso que dura años y uno que falla en poco tiempo.

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